Con esta lectura dramatizada que encabeza Daniel Alcaíno y dirige el premio nacional, Fernando Gonzá- lez, el dramaturgo –también premio nacional– aborda su visión del fin del mundo. “Es todo un negociado, más lesos no podemos ser”.

Ante el mundo y cobijados solo por un manzano (que emula el árbol del Edén), tres personajes deciden si continuar o no con la especie. “Pero no van a ver lo que creen que van a ver”, se apresura en aclarar Juan Radrigán, premio nacional de artes de la representación que estrena a través de una lectura dramatizada su nueva creación Informe para nadie.

“No me interesaba el fin del mundo sino la reacción de la gente frente a eso, si valía la pena seguir o intentar seguir por lo menos. La verdad es que ni yo sé si vale la pena, por eso hice la obra, a ver si los personajes me responden. Aunque tampoco creo que se contesta nada solo se logra dejar instalada la pregunta”, declara.

La apocalíptica apuesta cuenta con la dirección de Fernando González. “Desde que montamos Hechos consumados en el Teatro Nacional Chileno, dirigido por Alfredo Castro, siempre quise trabajar con él. Es de lo mejor que hay en Chile así es que cuando fui a felicitarlo por su premio le pasé un aviso Ojalá que nos juntemos, pero a trabajar le dije y de ahí surgió la oportunidad”, cuenta González.

El también premio nacional de artes de la representación (2005), regresa a la conducción teatral con este montaje protagonizado por Daniel Alcaíno, Silvia Marín y Jaime Wilson. “A pesar de que Daniel fue mi alumno, nunca lo había dirigido y ha sido una experiencia muy grata, con Sofía es una maravilla volver a trabajar y Jaime es la conexión más grande con la obra de Radrigán”, agrega mientras se detiene en la temática que abordan. “Creo que no creo y no creo porque no lo deseo”, advierte sobre el fin del mundo. “Sería muy triste que todo se terminara, más aún de esa forma, y ante la duda de los protagonistas siento que siempre va a valer la pena que la humanidad exista, siempre hay oportunidad de mejorar”.

Para Radrigán en tanto, la insistencia del ser humano por buscar megacatástrofes que acaben con el universo es una mera invención comercial apoyada por cierta bobería y afán deautodestrucción. “Es un gran negociado eso es absolutamente seguro, partimos desde la Biblia con que se va a terminar el mundo y nunca pasa nada. ¡Qué cambio de era!, estamos igual que siempre. Aparecen estos colombianos, bolivianos, que dicen profecías y la gente les cree ¡más lesos no podemos ser!… algo de suicidas debemos tener, algo de estúpidos en realidad”, cierra.

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