Baile, humor e historia personal se conjugan en esta elogiada obra escocesa con un elenco sin formación en danza y un intérprete en situación de discapacidad. Un montaje que cuestiona el significado de ser bailarín.

Los sin ritmo, los que no tienen una extremidad, los que están en situación de discapacidad intelectual. La lista de los que no pueden bailar parece larga. Pero realmente, ¿quién puede hacerlo y quién no?, ¿qué significa ser un bailarín? , ¿a quién queremos ver en el escenario? Esas preguntas se exploran en la obra escocesa Dancer.

Ian Johnston y Gary Gardiner no tienen formación en danza y uno de ellos está en situación de discapacidad, juntos interpretan esta obra que crearon con Adrian Howells, justo antes de la muerte del renombrado performer inglés. Vestidos como caballeros, Johnston y Gardiner cuentan anécdotas y bailan sus canciones favoritas, que van de Kylie Minogue a Nick Cave, canciones que disfrutan tanto en el escenario como en la cocina o el baño. ¿Por qué nos sentimos más vivos cuando bailamos con ganas?

Inclusión, visibilidad y oportunidades son otras temas que surgen en la obra. El diario inglés The Guardian le dio cuatro de cinco estrellas al montaje que calificó de íntimo, tierno, “un trabajo encantador: simple, de espíritu generoso, vulnerable y enteramente sin doblez. Pero no es poco sofisticado”.

La función del jueves 15 de junio contará con interpretación en lengua de señas.  

Dancer se presenta en el marco de Incluye, Tercer Encuentro de Prácticas Inclusivas en la Cultura y las Artes, que además tendrá exposiciones de iniciativas, invitados internacionales y workshops entre el miércoles 14 y el viernes 16 de junio. El encuentro es organizado por GAM, financiado por el Servicio Nacional de la Discapacidad, SENADIS; y patrocinado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, CNCA.

 

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