Marcelo Alonso y Amparo Noguera debutan en el teatro familiar protagonizando la reescritura que Manuela Infante hizo de El gigante egoísta. Estreno dirigido por Juan Pablo Peragallo, que desde la entretención busca reflexionar sobre el egoísmo.

A este gigante egoísta le salió un corazón. Uno que es órgano que late, sentimiento y centro de la cuestión. “Ese día el corazón del gigante se encogió al mirar hacia fuera”, dice una línea del cuento que Oscar Wilde publicó en 1888. ¿Qué pasaría si ese corazón hablara? Esa pregunta definió y articula este particular versión teatral, escrita por Manuela Infante y dirigida por Juan Pablo Peragallo, que busca desentrañar el relato clásico. 

Acá el gigante egoísta se llama Eliodoro, un señor con mucho poder y dinero que está al borde de la muerte por una enfermedad cardiaca. En esa agonía, desde la máquina que marca sus latidos comienza a sonar la voz de su corazón. ¿Qué dice? Le cuenta el cuento de Oscar Wilde. O lo intenta, con la ayuda de “seres” que se convertirán en todo lo necesario para hacerlo, desde niños y flores hasta pájaros y nieve. En el camino hablarán de subjetividad, política, género, ciclos, muerte y, cómo no, propiedad privada. 

De los Minions a Ricardo Montaner. En la obra también hay referencias pop, humor y contingencia. El director se autoimpuso el desafío de llevar al teatro la renovación del género familiar que Pixar y DreamWorks hicieron en el cine. Esto es: concebir una obra que funcione para niños y adultos, y que desde un lenguaje particular construya una nueva mirada que permita entretenerse y reflexionar. 

El relato elegido fue El gigante egoísta, principalmente porque, según cuenta Peragallo, “Empecé a escuchar demasiado el tema de la desigualdad. Y creo que tiene que ver con algo que probablemente estamos olvidando en nuestro cotidiano. Preguntarnos por qué somos egoístas es una forma que me parece concreta y sana para enfrentar el tema”. 

La destacada dramaturga Manuela Infante debuta en el teatro familiar con esta reescritura de El gigante egoísta que busca derribar la moraleja, sacarle el cartel de negativo al egoísmo para intentar abrir la pregunta de por qué lo somos. Peragallo se lo encargó a Infante por la cercanía que tienen tras años trabajando juntos en la compañía Teatro de Chile (ZooCristo), pero además por “El humor muy simple que logra hacer preguntas profundas y reflexiones interesantes. Abría una puerta que me permitía contaminar de reflexión el género familiar sin que se vuelva pesado”. 

Marcelo Alonso y Amparo Noguera también debutan en el teatro familiar, interpretando a Eliodoro y su corazón. Amparo es un corazón que late tartamudo, sensible, reflexivo y con un miedo hondo a la muerte. Y este gigante, según el director, “Queda mejor parado que en el cuento, porque en esta versión su enceguecimiento es uno que podríamos tener todos y también porque logra entrar en un espacio sensible”. Un lugar desde el que puede decir cosas como “Me temo que no se trata de ser feliz y ya está. Porque por algo yo siento que me falta algo”. 

En escena hay coreografías, música, retroproyecciones y teatro de sombras, una técnica que Peragallo ya había explorado en su anterior incursión en el teatro familiar: Baltazar, un rey cada día más pequeño. La estética de la escenografía y el vestuario está inspirada en el papel de los cuentos, en las hojas arrugadas y en los pliegues del origami. 

 

Dramaturgia: Manuela Infante
Dirección: Juan Pablo Peragallo
Elenco: Marcelo Alonso, Amparo Noguera, Francisco Medina, Guilherme Sepúlveda, María Paz Grandjean, Natalia Valladares, Valentina Parada y Giannina Fruttero
Asistencia de dirección: Julio Lobos
Composición musical: Daniel Marabolí 
Diseño escenografía e iluminación: Rocío Hernández
Diseño de vestuario: Loreto Monsalve
Ilustraciones: Marcela Gueny
Operadora retroproyecciones: Cecilia Yáñez
Producción: GAM, Convocatoria 2016.
Encargada de producción: Francisca Babul


Temporadas anteriores

La obra se estrenó en GAM el 8 de julio de 2016 y estuvo en cartelera hasta el 30 de julio.

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