
El proyecto original de la UNCTAD III convocó a principios de los años setenta a numerosos creadores para la realización de obras de arte especiales para el edificio. Bajo la coordinación de Eduardo Martínez Bonati, la mayoría se integraron a la arquitectura, como el vitral de Juan Bernal Ponce, a la entrada, y las intervenciones de Nemesio Antúnez y Félix Maruenda. Otras, como los grandes peces de mimbre sobre el casino de Alfredo Manzano, los dos cuadros de Roberto Matta, o las esculturas de Sergio Mallol y Federico Assler, se incorporaron como elementos decorativos para el interior y exterior. Se dispuso, además, una señalética especialmente diseñada que recorría todas las instalaciones. Fue un encuentro excepcional entre arte, artesanía, diseño y arquitectura chilenos, como nunca ha vuelto a darse en el país.
Tras la reformulación del edificio, a fines de 1973, muchas de estas obras fueron retiradas. Las luminarias fueron reemplazadas por tubos fluorescentes, y algunas piezas se perdieron para siempre: obras de Mario Carreño, Mario Toral, José Balmes, Eduardo Vilches y Guillermo Núñez, además de un mural de dos metros de alto y siete de ancho hecho por las bordadoras de Isla Negra. Algunas pueden encontrarse hoy en museos nacionales.
El Centro Gabriela Mistral ha logrado rescatar e integrar a su nueva arquitectura once de estas obras originales, las que han sido restauradas y reubicadas en los nuevos espacios. Se han recuperado así las esculturas de Sergio Mallol, Sergio Castillo, Marta Colvin y Samuel Román. Además, se ha restaurado la puerta de madera, cobre y aluminio fundido de Juan Egenau (foto superior) como acceso a una de las salas de exposiciones, y se rehizo el vitral de Juan Bernal Ponce, ahora ubicado en la cubierta de la plaza principal. También se reinstalaron los tiradores de puertas de Ricardo Mesa, las lámparas de Ramón López, el mural de José Venturelli y los bebederos de Luis Mandiola.
*Revisa la galería de imágenes correspondientes en la columna de la derecha.
Este trabajo comprende un treinta y cinco por ciento de la colección original. El desafío del GAM es contar con todas o casi todas las piezas expuestas en 1972, sea a través de la recuperación, la reubicación o una nueva fabricación a partir de los modelos originales. Se trata de un tesoro patrimonial que merece este esfuerzo.

